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Los problemas de la población de un país o las oportunidades de mejora detectadas por esta son muchas y muy variadas, las soluciones planteadas para las mismas y la implementación que se les da a estas, generalmente están muy alejadas de las personas en sí y están basadas en recomendaciones de técnicos expertos en determinadas temáticas o en la adaptación de experiencias “exitosas” en otras realidades. Muchas de esas soluciones no llegan a buen puerto al no ser adoptadas por las personas usuarias de las mismas, ya que muchas veces carecen de la “localización” necesaria o no solucionan el problema real existente. Esto ocurre porque una de las voces más importantes no es tenida en cuenta generalmente a la hora de determinar el problema y/o plantear la solución y esta voz es la de los que realmente interactúan con esta realidad en su vida cotidiana.

 

El no tener en cuenta a la población directamente involucrada  puede tener muchas causas, pero una de las principales es la dificultad de los gobiernos para escuchar a todos estos involucrados y poder filtrar las quejas o críticas destructivas de aquellas constructivas que realmente proponen ideas para conseguir mejorar la situación, quiene son aquellos que están realmente comprometidos con el tema a resolver y son capaces de involucrarse en dicha solución dedicando recursos tan valiosos como su tiempo y su intelecto.

 

Si se pudiera involucrar a la gente que realmente tiene ganas de participar,  entiende lo que esta pasando y que sabe lo que le gustaría que pase junto con técnicos, especialistas, políticos, administrativos y el resto de perfiles que intervienen en la detección del problema y la implementación de una solución, probablemente se llegaría a una mejor solución.

 

Las herramientas de trabajo colaborativo brindan la posibilidad de conectar a todas estas personas permitiéndoles trabajar juntos en la solución de un problema, pero si no existe un proceso definido, medible y controlable  que guíe dicha colaboración para que llegue a buen puerto y roles claramente definidos en los mismos, la posibilidad de éxito es muy baja y estas iniciativas se vuelven espacios anárquicos donde en la mayoría de las ocasiones pocas cosas se concretan.

 

Es importante tener claro entonces que dada la heterogeneidad de la población involucrada y del resto de los roles participantes, el mayor beneficio que se puede obtener de la tecnología es potenciar/amplificar las capacidades que como seres humanos todos tenemos y facilitar la tarea de llegar a la mejor solución posible para un determinado problema o planteamiento.


De esta forma de la misma manera que en ámbitos más reducidos las personas ponen toda su creatividad y dedicación para resolver temas de su interés, puede extrapolarse la misma dinámica a grupos muchos más amplios y diversos y aprovechar mejor a los mentores que puedan guiar estos procesos,  dando cabida a la participación de todos los interesados y pudiendo sumar a los trabajos a expertos en las materias tratadas que puedan aportar su perfil técnico a la hora de validar, estudiar o desarrollar las soluciones planteadas.