Siempre es llamativa la cantidad de proyectos de TI que fracasan; por ejemplo, según McKinsey & Oxford (2012), un 17% de los proyectos de cambio tecnológico lo hacen al punto de amenazar la supervivencia de la compañía. ¿Y qué se entiende por fracaso? Básicamente obtener resultados muy inferiores a los esperados a partir de los recursos invertidos en ello. Tal vez no lograr un objetivo concreto y esencial, tal vez obtener desempeños mediocres en diversos aspectos donde se esperaba algo sustancialmente mejor.

A la hora de concebir o comparar proyectos de TI, resulta natural preguntarse cuál será su relación costo/beneficio. ¿Vale la pena, comparado con un uso alternativo de los mismos recursos?

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